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El incesto, como el canibalismo, implican un desafío en su abordaje psicoanalítico, que conviene revisar y replantear a la luz de nuevas teorías. Es lo que se propone este trabajo.
Sólo los dioses del Olimpo y los héroes transgredian con impunidad su prohibición, mientras que transgredirla a los humanos les rebajaba a la condición de bestia.
Pero lo importante aquí no es ya la realidad del acto, ni que las leyes lo sancionen, sino el fantasma profundamente arraigado en el inconsciente individual, así como en el mito, el cual, para Freud, es expresión de la cultura colectiva.
Del mito fundamental de Edipo construye Freud su teoría del psicoanálisis. Un mito en cuya genealogía se dan de forma maldita el incesto, canibalismo, infanticidio, parricidio y homosexualidad, y que aun cuando la falta se quiere reparar, queda como un peso que soportaran las generaciones siguientes. A su vez, Freud, más tarde, del canibalismo -introyección del otro- va a obtener el modelo metapsicológico del trabajo de duelo.
El incesto es más universal que el canibalismo, pues éste a veces está condicionado por factores culturales que lo hacen más permisivo (comer el enemigo o el progenitor para asimilar el coraje y valor en el combate o mejor identificarse a él).
Después de revisar personajes de la mitología (Laïos, Edipo, Orestes, Ugolín, Kronos…), el autor cuestiona, en la situación de incesto, el dilema de “quien seduce a quien”. Para Freud poseer-ser poseído, comer-ser comido pertenecen a ancestrales fantasmas originarios que se pierden en la noche de los tiempos. Además tienen algo de retorno al origen (regresión y fusión con el semejante de quien ha nacido). Pero también admite Freud que en el niño hay una disposición natural a seducir y dejarse seducir, especialmente