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Apenas pasada la resaca de la celebración del V Centenario del Descubrimiento de América y del inicio de la conquista y colonización de un enorme continente en el que se desarrollaban culturas muy diversas, tal vez resulte pertinente hacer alguna reflexión sobre estos hechos desde una perspectiva psicoanalítica. Con todas las limitaciones del análisis aplicado, en el que carecemos de la metodología rigurosa que permite el encuadre en el psicoanálisis clínico, aceptando con modestia lo azaroso de nuestras conclusiones, dada dicha insuficiencia metodológica, e intentado huir de una excesiva imprudencia especulativa, alguna luz puede arrojar la concepción psicoanalítica, completando (que no desautorizando) los aportes históricos, antropológicos, sociológicos y económicos sobre ciertos hechos.
Por otra parte, un evento de la trascendencia y consecuencia mundiales del Descubrimiento de las Americas supuso la iniciación de un tan complejo proceso que podemos afirmar que aún está en desarrollo la dinámica de integración de tan diversas culturas. Los recientes acontecimientos en el Estado de Chiapas, en México, son el producto puntual de una antigua tensión interétnica. Quizá carezcamos aún de la distancia suficiente para que la valoración que podamos hacer de lo que empezó hace 500 años pueda tener un grado de objetividad satisfactorio.
La falta de distancia histórica respecto a unos hechos en cuyas consecuencias, en cuyos flujos y reflujos estamos aún radicalmente inmersos, da lugar a una serie de valoraciones poco realistas, a veces muy extremas, oscilando entre una actitud casi hagiográfica y otra victimista, denigratoria. Extremos