You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
El autor nos da su enfoque sobre el “autismo precoz infantil”. Se pregunta hasta qué punto es legítimo evaluar el papel de “agentes patógenos”, cualquiera que sea su naturaleza, sin elaborar antes una etiología de “normalidad”.
Recuerda que mientras la embriogénesis se desarrolla en el espacio uterino, sobre el que la reacción externa tiene incidencia hacia el feto y que es a partir del nacimiento cuando el desarrollo psíquico tiene una mayor interacción de dependencia con los factores del ambiente exterior. En este desarrollo, la madre o su substituto va a jugar un factor primordial. De hecho, el recién nacido estará más atraído por ella, que por cualquier otra mujer del entorno. Los trabajos contemporáneos muestran que la madre, además de satisfacer las necesidades vitales del niño, tiene una dimensión esencial para él, en tanto que el bebé constituye para la madre fuente de alegría e inquietud y, si se quiere, también puede decirse que de excitación. Por eso el niño está confrontado a un doble registro con la madre: el de las figuras originales presentes y la “reverie” que la madre hace sobre él, es decir, sus fantasmas eufóricos o disfóricos. El que a veces esta confrontación sea disarmónica, para Diatkine no hay que tomarla como necesariamente patógena, pues la disharmonia es pasajera. También encuentra que en el curso de esta ontogénesis las personas que le entornan juegan un papel sobre él.
Advierte el tener en cuenta que la evolución en el niño no es lineal, sino que está marcada por situaciones de crisis, y que a su vez estas crisis no están provocadas por un acontecimiento particular, sino que se deben a una discontinuidad del propio curso evolutivo. Cuando llega a la fase de comienzo del segundo semestre se producirá un salto cualitativo y en él las reacciones con la madre cobrarán una mayor