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Julia Kristeva búlgara; Julia Kristeva residente en París; Julia Kristeva extranjera, semiótica y psicoanalista nos advierte, respecto a su libro, que “sus páginas quieren ser prospectivas, fragmentarias, ‘subjetivas’, más que demostrativas o didácticas…”, y así habrá que leerlo.
En efecto, su aproximación al tema resulta tremendamente novedosa y personal, porque no nos muestra al extranjero como objeto de estudio, víctima o fenómeno social, sino a un extranjero mirado desde adentro al que se reconoce artífice de su propia condición. “El extranjero ha perdido a su madre” -nos dice-, y entre líneas leemos que el extranjero ha elegido, ha optado por partir, ha abandonado. El extranjero vive en la distancia y desde esa distancia perpetua se defiende, cuenta siempre con un rincón remoto en la memoria o en “el extranjero” donde refugiarse de unos y otros.
En algunos pasajes (como cuando habla de la lengua, por ejemplo) se dirige a un “tú” impersonal, una suerte de “yo” desdoblado desde el que Kristeva respira por su herida de extranjera y que parece una descarnada confesión de su