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Nuestra Revista elige un tema monográfico de envergadura: la vejez. Para hablar sin eufemismos “encubridores” (“tercera edad”), no precisamente se trata de un tema fácil ni tan desarrollado como otros, por ejemplo, los adultos…, o los niños.
Pero he ahí el mundo cada vez con más ancianos. Por lo menos el mundo que se ha dado en llamar occidental. En otros mundos hay muchos niños, pero no todos ellos llegan a viejos como entre nosotros. Así que en las postrimerías del siglo, el Psicoanálisis ha de mostrar sus propias posiciones frente al status psicológico de esta creciente masa de población.
Desde otras ciencias, sobre todo la Medicina y la Sociología, han llegado investigaciones y hallazgos que han contribuido extraordinariamente en nuestro siglo al conocimiento cada vez mayor del proceso de envejecimiento (Gerontología) y sus vicisitudes y patologías (Geriartría). La sociología de la vejez nos ofrece datos epidemiológicos de los cambios en las formas de vivir y costumbres actuales del anciano inmerso en contextos sociales diversos.
El aspecto psíquico de los tres que sustentan a todo ser humano es donde se centra nuestro interés psicoanalítico. La vejez es una etapa evolutiva extremadamente crítica, por la proximidad de la muerte en las edades avanzadas, por lo menos hablando estadísticamente; pero no todas las muertes ocurren entonces. Y a pesar de que es tradicional identificar vejez con muerte, los avances sociales y médicos desdicen cada vez más las viejas ideas, pues se retarda espectacularmente la vejez biológica y el índice de longevidad ha ascendido a cifras por las que un verdadero “viejo” de hoy cumple tranquilamente noventa años.