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“¿Cómo muerte tenerte
miedo? ¿No estás aquí, conmigo, trabajando?
(Juan Ramón Jiménez, Poesía, 1923)
Durante mis años de formación psicoanalítica recibí a una paciente que sufría una fuerte crisis depresiva aguda instalada sobre su carácter melancólico y desencadenada por la separación de su marido. Su edad próxima a los sesenta años y una serie de circunstancias particulares hacían terriblemente dolorosa la situación, pero, poco a poco, fue saliendo de su estado más crítico para entrar en un período de considerable mejoría. Su actividad profesional intensamente reparadora, así como sus relaciones sociales fueron recuperadas y entró en un período analítico cuya tarea principal parecía ser el análisis de su carácter. Sin embargo, cuando estábamos en esta situación la paciente me trajo un sueño que me conmocionó vivamente. En este sueño la paciente iniciaba un viaje en ferrocarril hacia una región del país desconocida para ella. Parecía tratarse de un viaje turístico sin ninguna angustia particular, cuando de pronto, en la parada correspondiente a la penúltima estación, ella se bajaba del tren y se negaba a volver a subir al mismo para hacer “la última etapa de su viaje”…
Esta frase me impactó y tuve la evidencia (la evidencia psicoanalítica de la cual hablaba Freud) de que la paciente se negaba a entrar en lo que sentía como el último período de su vida.
Lo que más me impresionó de la situación fue observar:
°Que la paciente no hizo la más mínima referencia al tema; se perdió en una serie de trivialidades sin que yo
descubriera ninguna conexión con la evidencia que había sentido.
°Mi reacción contratransferencial en la que la evidencia del sentido se acompañó de una inhibición total para poder comunicárselo a la paciente ni tan siquiera en alguna forma más o menos eufemística. La parálisis que experimenté fue tan intensa que no recuerdo ninguna otra situación parecida en mis ya largos años de práctica psicoanalítica.