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El concepto de envejecimiento no puede concebirse sin asociarlo estrechamente al de temporalidad.
La percepción de nuestro devenir en el tiempo se establece por comparación con otros, con los mayores y con los más jóvenes, que nos ayudan a situarnos en la coordenada temporal, en una interacción generacional permanente.
Los mitos constituyen una fuente inagotable de sugerencias en relación con la evolución del ser humano, que se consideraría según las diversas mitologías dentro de un proceso cósmico, al que se atribuyen los mismos movimientos evolutivos.
El mito de Cronos, que se inscribe dentro de los llamados Mitos de la Creación, porque explican la creación del mundo a través de los avatares de los dioses y héroes, está íntimamente ligado a la idea de temporalidad, a los cambios incesantes que producen una dinámica de creación-destrucción necesaria para la continuidad y al mismo tiempo para la renovación.
Cronos ha sido asociado al tiempo, aunque originariamente el dios del tiempo, Khronos, era una deidad diferente, y se asociaba en la antigüedad a los cultos de la fertilidad.
Probablemente, la cercanía fonética y la indudable imagen metafórica que representa Cronos devorando a sus hijos, como el tiempo que destruye lo que crea, han facilitado esta fusión de imágenes, que mantendré en el presente trabajo.