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El lenguaje popular posee expresiones que indican la estrecha relación que existe entre estos dos periodos de la existencia, por ejemplo: “este niño habla como un viejo”, o “los viejos se vuelven niños”, etc.
La idea encerrada en estas y otras frases es que los niños que se comportan como personas mayores, razonan con una aparente madurez que sorprende a los mayores. Sin embargo, es frecuente que estos comportamientos sean momentáneos y más bien dirigidos a impresionar, en vez de estar enraizados en un estructura de personalidad estable.
En las personas mayores, la situación es diferente. La tendencia a ir hacia la infancia es más generalizada y a nadie le extraña que estas personas rebusquen en las fotografías recuerdos del pasado para iniciar un diálogo con la infancia.
Muchos escritores han descrito estos puentes de unión entre los niños y las personas mayores, se han hecho películas sobre la relación entre un niño y un viejo y en ciertas novelas se ensalza la ternura contenida entre los niños y los abuelos.
Estas correlaciones entre personas mayores y niños pueden ser también motivo de fantasías populares que verían la vejez como una enfermedad y la niñez como una promesa. Estas fantasías no están exentas de observaciones adecuadas (mayor posibilidad evolutiva en los niños, involuciones en los ancianos, etc.); sin embargo, las conclusiones que se sacan suelen contener errores importantes, de los que más tarde entresacaré algunos.