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En la traducción de J. L. Etcheverry para ed. Amorrortu de las O. C. de Freud, concretamente en “El Yo y el Ello” y en “El sepultamiento del complejo de Edipo” aparece un término que choca al lector en español: cuando Freud habla del modo en que el Yo (primitivo) opera en orden a constituirse definitivamente, retirando la investidura libidinal de determinados objetos, el traductor lo vierte al castellano diciendo “… si un tal objeto sexual es resignado” (t. XIX, págs. 31 y ss.). Y, en otros lugares, “… mediante esta introyeccfón… () … facilite o posibilite la resignación del objeto…”; “… la condición bajo la cual el Ello resigna sus objetos…”; “… el carácter del Yo es una sedimentación de las investiduras de objeto resignadas…”.
En ambos textos citados, el término, tanto en forma nominal como verbal, es profusamente utilizado. En todos los casos, la traducción clásica de L. Ballesteros utiliza el término abandonar (y los correspondientes de abandono, abandonado, etc.).
En el Diccionario de la Real Academia figuran las siguientes acepciones:
Resignar (del latín resignare, entregar, devolver): renunciar a un beneficio eclesiástico o hacer dimisión de él a favor de un sujeto determinado. Entregar una autoridad el mando a otra en determinadas circunstancias. Prnl. Someterse, entregarse a la voluntad de otro. Conformarse con las adversidades.
Resignación: Entrega voluntaria que uno hace de sí, poniéndose en las manos y voluntad de otro. Renuncia de un