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Uno de los méritos de esta excelente monografía es la de ser el primer libro en que el vértigo es tratado desde el punto de vista del psicoanálisis.
Las hipótesis nucleares que en él se exponen son muy similares a las que en España sostuvo J. Rallo en un artículo que la autora cita. Los fenómenos vertiginosos (sensaciones de inestabilidad) se originan en la fase oral, en relación con los fenómenos de “holding”, con la constitución del objeto interno y con la maduración de los primeros esquemas temporo-espaciales. Su desencadenamiento es consecuencia de la ruptura de la relación de Objeto que, en las sucesivas fases del desarrollo libidinal, se repetirán en el marco de las características que cada una de ellas impone.
Estas ideas son ampliamente desarrolladas, enriquecidas y completadas desde distintos puntos de vista, en una forma exhaustiva.
Empieza la autora por hacer un breve resumen de los mecanismos del vértigo de origen somático y -prudentemente- subraya la importancia de que ante un paciente concreto, con manifestaciones de vértigo, se haya podido excluir, en la medida de lo posible, la eventualidad de un origen somático de tal síntoma; e, incluso, cuando exista tal origen, subraya igualmente la importancia de conocer el grado de gravedad. En este sentido, analiza las concluciones estadísticas a las que llegaron Reutchnick y Häusler, estudiando mil pacientes que consultaron por sufrir de vértigo, en su Servicio del Hospital Cantonal Universitario de Ginebra, entre 1980 y 1982. Dos de estas conclusiones son subrayadas: “entre un 5 y un 10% de vértigos tienen una causa grave. Por ejemplo, un tumor cerebral o un accidente circulatorio