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Existe una leyenda, en Asia Menor, sobre una tribu de mujeres guerreras que se mutilaban cortándose un pecho para poder manejar mejor el arco. En esta tribu los hombres eran solamente utilizados como sementales para la reproducción, pero toda la importancia de tal tribu recaía sobre estas mujeres, voluntariamente mutiladas… mastectomizadas.
En este final del siglo XX ya no existe esa tribu de mujeres. Ahora, las mujeres mastectomizadas no lo son por su propia voluntad, son amazonas involuntarias por decisión del ginecólogo, y a raíz de una patología orgánica grave, como es el cáncer de mama, que junto con el de cuello de útero, constituyen la mayoría de los cánceres femeninos, y son los responsables de la muerte de muchas mujeres jóvenes.
Viena, 1900: un nombre, una fecha que evoca los palacios barrocos, los valses de Strauss, los coches de caballos, donde pasan las mujeres soñadas de los cuadros de Klimt, donde suenan los nombres de figuras célebres: Alma Mahler, Lou Andréas-Salomé, o el de la emperatriz Sisi.
Pero también donde otras languidecen, solitarias, encerradas en un lujo asfixiante. Estas, que huyen en la fantasía, y, a veces gritan de terror, o pretenden no poder andar… Las esconden y las rodean de un silencio molesto.
Es a través de la observación de estas histéricas, tan numerosas entre las pacientes que frecuentan la Bergasse 19, que Freud descubre el inconsciente, y que rompe el misterio del sueño, tal y como él lo declara en 1895 [Celia Bertin, 1989].
El cáncer de mama es una enfermedad que se da con más frecuencia en esta segunda mitad de siglo. La mujer ha cambiado. Casi un siglo nos separa de esas mujeres que frecuentaban la Bergasse. Las aulas universitarias ostentan incluso una mayoría femenina. Ha accedido al mundo laboral, su única opción en la vida no es la del matrimonio, se ha reconocido su derecho a la sexualidad y a una vida independiente, todo esto implica cambios importantes, podríamos pensar que acompañados de cambios psíquicos, ya no acud