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Marian Belandia Ruiz falleció ayer día 12 de diciembre de 1994, a los 43 años de edad.
Es el texto de la esquela que apareció ayer en los periódicos bilbaínos.
Para muchos, un nombre, una edad, la foto de una mujer joven y sonriente. Una esquela como otras tantas.
Para nosotros, era MARIAN.
A finales de los años setenta, un grupo de médicos y psicólogos nos reuníamos para formar un despacho colectivo, en el Casco Viejo bilbaíno. Un despacho al que llamamos Centro de Psicoterapia, del que estábamos muy ufanos. El despacho que Marian ocupó durante tantos años era claro, con muebles de caña, alegre, sencillo, con tonos suaves…
Allí empezó su andadura analítica, andadura que recorrió coa auténtico entusiasmo y vocación, porque para Marian, el Psicoanálisis era ante todo fuente de inspiración vital y existencial.
Se acercaba a él, más allá de la profesión, buscando una referencia que diese forma al sentido profundamente vitalista y humano con el que participaba de la vida.
Nos mostró su forma de querer al Psicoanálisis, de otra manera, ya era una de esas personas en las que el contacto con lo analítico deja una huella profunda, no sólo en el saber sino en el ser.
Todos los que tuvimos la suerte de conocerla en ia intimidad descubrimos el enorme talento y hondura personal que escondía tras su sonrisa.
Hace tan sólo dos semanas volvíamos a encontrarnos en el Simposium sobre Reparación y Sublimación en Madrid. Marian estaba allí, sonriente como siempre, amable y cariñosa. Algunos dicen que fue a despedirse de todos, discretamente, como era ella, sin mostrar su dolor. Casi de puntillas, sin hacer ruido… así se nos fue.