You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
La lectura de la obra de Freud me produce una sensación de admiración por el permanente inconformismo que muestra frente a las explicaciones que ha encontrado de ciertos fenómenos psicológicos y su necesidad siempre renovada de ir más allá. Un ejemplo muy claro de esto son los Estudios sobre la histeria, cuyo centenario conmemoramos con este número de la Revista de Psicoanálisis de la APM y al que quiero sumarme con mis reflexiones.
Freud recibió de Joseph Breuer, su maestro, amigo y colega, una teoría y un método para trabajar con los pacientes histéricos. Este método ofrecía unas posibilidades totalmente novedosas de alivio para estos enfermos. Freud lo aprende y lo aplica con entusiasmo, convencido de sus ventajas. Pero al mismo tiempo comienza a captar sus limitaciones, tanto en el terreno clínico como en el teórico, y poco a poco lo va convirtiendo en el campo de investigación para desarrollar nuevos conocimientos y recursos técnicos.
Mi hipótesis es que en 1895, cuando se publican los Estudios sobre la histeria, Freud ya ha desarrollado los conceptos fundamentales que más tarde van a integrar el edificio psicoanalítico. Aunque obras ulteriores, especialmente La interpretadón de los sueños (Freud, 1900) hacen un desarrollo mucho más completo de estos conceptos, los podemos encontrar ya explicitados o claramente intuidos en esta obra. Creo que el Freud de 1895 es ya psicoanalista.