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En el prólogo a la segunda edición de los Estudios sobre la histeria, de 1908, Freud dice que a pesar de las variaciones que han experimentado sus puntos de vista desde la primera publicación, la obra conserva un triple interés, por encontrarse en ella un testimonio de sus opiniones iniciales, los gérmenes de conceptos ulteriormente establecidos y el desarrollo desde la catarsis hacia el psicoanálisis. Recomienda a quien quiera adentrarse en estos temas empezar por los Estudios y transitar el camino que él ha dejado atrás.
Podríamos decir que lo que Freud nos ha legado es un camino pleno de hallazgos y de incertidumbres, y que nos invita a seguirlo, reemprendiendo por nuestra cuenta la aventura científica que él comenzó hace ahora un siglo. Aunque no es posible indicar el momento preciso de la fundación del psicoanálisis, la originalidad y la complejidad de los conceptos planteados a lo largo de los Estudios sobrepasa ampliamente el marco de la cura catártica y van dejando acuñadas las primeras señas de identidad del psicoanálisis.
Centraré mi comentario en las representaciones que Breuer y Freud comenzaron a hacerse de la realidad psíquica, a la que se vieron confrontados desde que emprendieron el tratamiento de sus pacientes histéricas. Previamente, me voy a referir escuetamente a los artículos de Freud sobre la histeria anteriores a la publicación de los Estudios.
El 18 de noviembre de 1882 Breuer relató a Freud su experiencia terapéutica con Anna O. Esa cura por la palabra impresionó vivamente a Freud y sin duda contribuyó a despertar su interés por las neurosis.