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Uno de los temas que nos parece más fascinante en lo que se refiere a los mitos sobre el origen de la humanidad es el del lenguaje, en la medida en que se anuda con la cuestión del origen del psiquismo, es decir, de las leyes de las palabras que estructuran el advenimiento sexuado y cultural del sujeto humano.
Los hebreos trataron de explicar la existencia de la diversidad de lenguas habladas por los distintos pueblos por medio de un mito.
Leeré a continuación el texto bíblico para que él nos guíe en nuestra reflexión:
Era la tierra toda de una sola lengua y unas mismas palabras. En su marcha desde Oriente hallaron una llanura en la tierra de Senaar, y se establecieron allí. Dijéronse unos a otros: «Vamos a hacer ladrillos y a cocerlos al fuego»‥ Y se sirvieron de los ladrillos como de piedras, y el betún les sirvió de cemento; y dijeron: «Vamos a edificarnos una ciudad y una torre, cuya cúspide toque a los cielos y nos haga famosos, por si tenemos que dividirnos por la haz de la tierra». Bajó Yahvé a ver la ciudad y la torre que estaban haciendo los hijos de los hombres, y se dijo: «He aquí un pueblo uno, pues tienen todos una lengua sola. Se han propuesto esto y nada les impedirá llevarlo a cabo. Bajemos, pues, y confundamos su lengua, de modo que no se entiendan unos a otros». Y los dispersó de allí Yahvé por toda la haz de la tierra, y así cesaron de edificar la ciudad. Por eso se llamó Babel, porque allí confundió Yahvé la lengua de la tierra toda, y de allí los dispersó por la haz de toda la tierra.1
Intentaremos desvelar el sentido de este relato que trata sobre «La confusión de las lenguas», cuestionándolo donde él mismo nos interroga: ¿cuál es la verdad del mito velada en la estructura de su propia ficción? ¿Qué es