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La interpretación supone una singular forma de acercamiento e investigación de la realidad interna y su funcionamiento, ya que su formulación conlleva la posibilidad de la mutación.
Surge como el intento científico de dar forma conceptual y verbal a lo que se manifestaba como incomprensible e inasimilable para el paciente, pero con efectos patógenos.
Sabemos que para Freud la finalidad de la interpretación no es otra que la de hacer consciente el sentido (Deutung) de sus actos y palabras encontrando su significación (Bedeutung).
En toda interpretación hay que tener en cuenta los tres niveles: topográfico (hacer consciente lo inconsciente), dinámico (respetar la estratificación de las defensas, abordándolas antes que los contenidos) y el económico (tomar el material sobre el que en ese momento están cristalizando los afectos de forma más intensa). Sólo cuando el recuerdo patógeno alcanza suficiente carga afectiva resulta eficaz para modificar los síntomas neuróticos.
Cuando descubrimos el significado inconsciente de un material mediante la toma de conciencia de un fragmento de historia reprimida, teóricamente efectuamos el camino inverso que recorrió el trauma para acabar generando unos determinados síntomas neuróticos.
Esta historia reprimida se ubica en una zona intermedia y difusa para el paciente, en la que se superponen pasado y presente, áreas que vamos a intentar delimitar con nuestra labor interpretativa. Se formula una «teoría» acerca de lo que hay más allá de lo manifiesto, más allá de la biografía entendida como intento fallido de cumplir deseos a base de descartar y elegir entre una infinita variedad de recuerdos y sucesos (19).