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Nuestra reflexión arrancó del importante trabajo de Pedro Luzes (1989), quien sintetiza el concepto de realidad psíquica en los principales autores. Seguimos un recorrido parecido preguntándonos de forma más limitada qué estatuto asumen los personajes que pueblan una sesión, y qué valor se les reconoce en los principales modelos psicoanalíticos.
En el modelo freudiano los personajes se entienden sobre todo como nudos en una red de realaciones históricas. (Cuando hablamos de verdad histórica nos referimos a algo distinto de la mera realidad material, o sea, a una versión de ésta ya elaborada por el paciente, la única accesible al método psicoanalítico, como aclara Etchegoyen.) Los hechos narrados, a su vez, son ocasión de sentimientos, conflictos, estrategias emotivas siempre respecto a esos personajes o hechos históricos que, aunque actualizados en la dinámica intrapsíquica y en la transferencia, reciben casi el crédito de una existencia «propia».
Para aclarar la tesis mantenida en este trabajo es útil un ejemplo sacado del Borrador del hombre de las ratas: después de una reconstrucción de Freud, o mejor dicho después de las insistencias de Freud para que el paciente aceptase su reconstrucción sobre un episodio olvidado de la infancia, el paciente responde a través de un sueño donde el «profesor sombrero verde» no ahorraba a los «estudiantes» una pregunta sobre las letras de cambio, obligaciones de pago ineludibles.
Naturalmente Freud no disponía de los modelos que más tarde habrían considerado dicho sueño como contestación a su misma interpretación que se había percibido como forzada. Hoy pensaríamos en la «letra de cambio» precisamente como en la imposición interpretativa, y no nos resultaría