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En el momento actual la homosexualidad todavía nos plantea un buen número de interrogantes. Mientras que algunos autores la consideran una perversión, para otros es un síntoma más de una perturbación neurótica o psicótica. Por último, hay quienes afirman que es sólo una modalidad de elección objetal que, por sí misma, no señala alteración patológica.
Rara vez solicitan tratamiento, ya que consideran su vida erótica como un bien propio y como parte integrante de su identidad. Lo hacen, en ocasiones, abrumadas por problemas afectivos que amenazan su precario equilibrio emocional.
Chasseguet-Smirgel (1988) señala que jamás ha descubierto en mujeres homosexuales una configuración perversa estable. Estoy de acuerdo con esta observación, que coincide con mi experiencia clínica (mujeres casadas, con hijos, con relaciones heterosexuales, etc.).
En 1920 Freud nos planteaba que «no es misión del psicoanálisis solucionar el problema de la homosexualidad […] tiene que conformarse con revelar los mecanismos psíquicos que han llevado a decidir la elección de objeto y rastrear desde ahí los caminos que llevan hasta las disposiciones pulsionales». Con respecto al pronóstico añade que sólo cuando la fijación al objeto del mismo sexo no ha alcanzado aún poder suficiente o cuando preexisten considerables esbozos y restos de la elección heterosexual de objeto, vale decir, en caso de una organización todavía oscilante o nítidamente bisexual, puede el pronóstico de la terapia analítica presentarse más favorable.
Esta opinión es compartida por muchos analistas en la actualidad, y