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La constante necesidad que un psicoanalista tiene de releer y reflexionar una y otra vez los textos de Freud, no responde sólo a un interés teórico. Cuanto más profundizamos en algunas de las intuiciones más determinantes de su pensamiento, más descubrimos hasta qué punto estas correspondían a momentos de crisis teóricas o a errores técnicos que no había podido vislumbrar.
Pero, además, la lectura de la correspondencia que mantuvo con todos y cada uno de sus interlocutores nos ofrece la ilusión de un contacto directo con Freud, de un diálogo imaginario que nos convierte en los auténticos destinatarios de sus reflexiones y nos interroga sobre nuestras convicciones teóricas y clínicas.
Desde esta perspectiva vamos a intentar abordar uno de los episodios clínicos menos conocidos dentro de la vasta casuística del fundador del psicoanálisis, el que se refiere al caso Elma.
El tratamiento de Elma que se sometió primero a un análisis con Ferenczi, luego a otro con Freud, y finalmente a un segundo con Ferenczi, reviste un interés histórico indudable porque marca un punto conflictivo, de enormes consecuencias, en la relación personal entre ambos hombres. Pero además, se sitúa en un momento especialmente importante en la consolidación de la técnica psicoanalítica y en la introducción en la misma de un concepto imprescindible en la práctica clínica de cualquier psicoanalista de nuestros días: la contratransferencia.
Todo analista, con todos y cada uno de sus pacientes, en cualquier sesión se interroga por su contratransferencia. Inconscientemente en esta