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La lectura de El misterio del solitario** me ha proporcionado algunas ideas sobre la trayectoria que existe entre la confusión y la elaboración, considerados como dos polos entre los que podría discurrir una gran cantidad de mecanismos psíquicos. Las perspectivas de estudio de estos mecanismos son muy numerosas, y en este caso he elegido tres: la experiencia personal de lector, la utilización de la metáfora de «leer» nuestro pasado, y la lectura de El misterio del solitario, donde un niño llamado Hans Thomas recupera su pasado leyendo un libro imaginario.
En estas tres vertientes podemos detectar procesos confusionales (posibles confusiones entre el lector y el texto, confusión entre nuestro pasado y nuestro presente, confusión entre el niño Hans Thomas y el niño que todos fuimos).
A lo largo de la lectura, la confusión va disipándose cuando las elaboraciones psíquicas dan sentido a ciertos enigmas de la existencia: sobre todo ¿quién somos, de dónde venimos y adónde vamos? Por eso este libro puede resultar sugerente para cualquier psicoanalista que investigue la importancia de los procesos confusionales y las posibilidades elaborativas por las que se puede recuperar la historia personal, dar sentido a los factores generacionales y construir nuestra propia individualidad.
Las reflexiones psicoanalíticas a partir de la lectura de un libro constituyen lo que se llama psicoanálisis aplicado. La distinción entre sugerencias psicoanalíticas a partir de una lectura y la labor psicoanalítica propiamente dicha, me parecen de una importancia capital, ya que, en este caso, podría parecer que el