You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
El trauma psíquico que apareció en los albores del psicoanálisis como el factor desencadenante de los síntomas neuróticos, pronto se convirtió en puerta y camino para nuevos descubrimientos del funcionamiento psíquico.
Seguiré en una primera parte de mi trabajo el hilo rojo del trauma en el pensamiento de Freud, que a mi juicio nos conducirá a la realidad psíquica y dentro de ella a zonas cada vez más complejas del psiquismo.
El trauma psíquico en Freud dará paso al conflicto traumático, al reconocimiento de la actividad dinámica del inconsciente, a la defensa del yo. El trauma de la seducción abrirá las puertas de la sexualidad infantil, de la fantasía como representante de las pulsiones libidinales y yoicas, del complejo de Edipo y de «las fantasías originarias».
El trauma repetido compulsivamente en los sueños de las neurosis traumáticas, en el juego compulsivo de los niños intentando dominar la angustia de separación, en la repetición en el análisis y en la vida de las vivencias traumáticas, entre otras experiencias clínicas, llevará a la metapsicología freudiana «más allá del principio del placer», al reconocimiento de la pulsión de muerte y de su acción desintegradora en la vida psíquica.
El trauma del nacimiento será considerado por Freud como el prototipo de los traumas que desbordan con su intensidad de terror las posibilidades de contención del psiquismo.
Y por fin el desvalimiento del ser humano al nacer, necesitado de la contención y respuesta afectiva, física y mental de la madre para su existencia, hará de los traumas en los orígenes, de la ausencia, ineficacia o sobreexcitación de esa madre membrana protectora, la causa de heridas narcisistas irrestañables, en ocasiones destructoras de los vínculos más primitivos