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El tema monográfico de este número responde a una cierta inquietud por parte de la Dirección de esta Revista, en lo que respecta a los análisis de los futuros psicoanalistas, dado que consideramos inevitable la aparición en el campo transferencial, como consecuencia de las fantasías conscientes e inconscientes de ambos sujetos implicados en el proceso: analista-analizado, de una serie de factores, propios de una situación en la que poco importa el aspecto formal, nominativo: terapéutico o didáctico, para que el hecho aparezca más allá de la palabra que a veces intenta paliar aquello que la trasciende, como un fenómeno inevitable que el verbo no puede contener.
Fenómeno derivado de múltiples circunstancias que potencian o absorben, deseos, identificaciones, reparaciones, sublimaciones, expectativas, ideales… fenómenos y mecanismos psíquicos muy particulares y específicos de un proceso en que dos sujetos interaccionan desde diferentes vértices con un objeto común a ambos: el Psicoanálisis, y con una imagen, la Institución, portavoz del saber y de la evaluación.
No me voy a extender en consideraciones acerca del deseo de ser analista, porque este no es el espacio adecuado, rebasa el tema monográfico, además la intencionalidad de estas líneas es introducir los artículos de R. Britton y B. Denzler, que fueron enviados por indicación de la API a todos los Institutos de sus sociedades componentes, gesto significativo de la preocupación constante que existe en el seno de la Sociedad Psicoanalítica en torno al análisis del futuro analista, dado que se considera la base fundamental para el desarrollo de una función que atañe a la práctica clínica en tanto forma parte de una estructura y modalidad de pensamiento, es decir, de funcionamiento mental.
Fundamento que trasciende los niveles del «tener» relativos a un conocimiento puramente teórico, intelectual, para formar parte del «ser» como