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Mi primera tesis es que cualquier persona —haya tenido o no una experiencia psicoanalítica previa— debería estar en análisis al mismo tiempo que hace la formación psicoanalítica y que ese análisis no debería darse por finalizado hasta terminar la formación. Me referiré a tal análisis llamándolo análisis didáctico, lo que no implica cambio alguno de la técnica analítica sino sencillamente el hecho de ser considerado como parte de la formación del candidato.
Mis razones para opinar esto son las siguientes: ningún análisis es completamente ideal. Por lo tanto, no podemos asegurar que los acontecimientos de la vida que tengan lugar después de un análisis (por ejemplo, una boda, un divorcio, nacimiento de hijos o un duelo), no darán lugar a conflictos psíquicos o no provocarán reacciones defensivas nuevas en el analizando. Creo que tanto la formación en psicoanálisis como el comienzo de la práctica analítica están entre los acontecimientos que pueden tener tal efecto.
En mi experiencia como analista didáctico, me he dado cuenta de que con mucha frecuencia el comienzo de la formación analítica pone de relieve, o hace más patentes o conflictivos, aspectos de la personalidad de algunos analizados. Incluso sucede con más frecuencia cuando el candidato empieza a trabajar como analista con pacientes. Me estoy refiriendo a analizandos que han hecho un análisis previo, antes de comenzar la formación, y a algunos de mis propios pacientes que se convirtieron en candidatos sólo algunos años después de un análisis terapéutico conmigo. Algunas tendencias psíquicas, como la identificación proyectiva o la renegación de la agresividad