You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Así vivía deslumhrado por todo lo que quería deslumhrarle, admirándolo todo, creyendo en cuantas grandezas le anunciaban, viendo hombres superiores…, admitiendo todo lo bueno que sus profesores le habían dicho…; en compensación tenía el consuelo de gozar con la fe de creer que los demás oían los cánticos celestes.
La transferencia de autoridad se da en todo análisis y cualquier psicoanalista está familiarizado con ella. Se trata del conjunto de reacciones de origen infantil por las que el analizado sitúa al analista en una posición de superioridad omnímoda indiscutible. Las palabras y hasta las mismas expresiones paraverbales de éste adquieren entonces enorme importancia para el analizado. Esto es así no por la sabiduría de las intervenciones del analista necesariamente, sino por el simple hecho de provenir éstas de un terapeuta que ha sido psicológicamente investido de una autoridad prodigiosa. En estas circunstancias suele creérsele no sólo conocedor de todos los secretos de su arte, sino también poseedor de algo próximo a una omnisciencia tanto de carácter general como referida a los asuntos existenciales particulares del analizado. En esta modalidad transferencial el paciente siente que ante su analista no cabe sino la sumisión y la incondicionalidad. La transferencia de autoridad puede verse suplementada por aspectos muy diversos de transferencia idealizadora referentes a atributos morales, culturales, económicos o físicos del analista. Se trata de una reactivación en la clínica del objeto omnipotente generalmente fundido con una extensión del self grandioso en lo que Kohut (1971) llamó la «transferencia del objeto-self» (mal traducido, por cierto, como «transferencia del objeto del self»). La dinámica subyacente