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A menudo en nuestra Sociedad los jóvenes analistas presentan casos clínicos en los que el acento se pone en las defensas más primitivas, mientras que los analistas más veteranos piensan que se tratan de estructuras neuróticas, incluso a veces neurosis sintomáticas. Los jóvenes analistas defienden sus ideas basadas en la experiencia de dichos tratamientos. Si bien es verdad que hay una tendencia actual por parte de algunas corrientes psicoanalíticas a pensar en los nucleos neuróticos y psicóticos de la personalidad, o los llamados funcionamientos neuróticos y psicóticos, también es verdad que junto a la intuición y empuje de los jóvenes se contrapone el saber y la experiencia de los mayores, quienes aducen que los primeros, empujados por la nueva moda, se olvidan de la existencia de las neurosis clásicas y su estructura. Junto a esta discordia es necesario añadir la tendencia de ciertos analistas a adherirse a estas nuevas concepciones teóricas, particularmente en el caso de los pacientes límites. Sin querer tomar parte en la discusión en cuanto a este último punto, sí me parece interesante reflexionar sobre las razones que empujan a plantear así las cosas.
En los últimos años, mi interés por el funcionamiento difícil de ciertos pacientes, sobre todo los llamados borderline , me ha llevado a estudiar particularmente las defensas utilizadas por estos pacientes, así como el trabajo del analista ante lo que podríamos llamar las rupturas del funcionamiento mental clásico, en donde la imposibilidad de elaboración de ciertos conflictos, lo irrepresentable, domina la escena, lo que podríamos calificar de un funcionamiento mental diferente. Posteriormente, estas reflexiones me han llevado a interesarme por el funcionamiento de los