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En la historia del psicoanálisis son frecuentes los casos de analistas formados en países o sociedades distintas de aquéllas en las que acaban practicando su profesión. Los que hemos tenido esta experiencia, invariablemente aprendemos lecciones muy importantes acerca del relativismo de las teorías con que nos formamos, ampliando nuestros horizontes y enriqueciendo nuestros repertorios técnicos. Sin embargo, esta circunstancia puede implicar también desventajas. Por ejemplo, para los pocos analistas formados en Estados Unidos que practicamos en Europa es una experiencia general y dolorosa detectar actitudes prejuiciadas por parte de los colegas de formación local contra sus posiciones teóricas. Como Smith (1995) ha señalado, «es muy común la tendencia entre la intelectualidad europea (Freud incluido) a menospreciar América y el psicoanálisis norteamericano […] suponiendo que éste tiene como objetivo único la adaptación» (pp. 615-617). De hecho, es un error frecuente pensar que el énfasis puesto por la psicología del Yo en la perspectiva metapsicológica adaptativa es de cuño estadounidense y que implica determinadas influencias sociológicas (cuando no políticas) consideradas típicas del pueblo americano. En realidad, La psicología del Yo y el problema de la adaptación fue publicado en alemán con el título Ich-Psychologie und Anpassungs-Problem, en 1939, y es un producto puro de la escuela vienesa o «clásica», escrito por Hartmann, uno de sus preclaros representantes, antes de emigrar a Estados Unidos. Los analistas norteamericanos no crearon, sino que adoptaron la psicología del Yo de sus maestros y colegas vieneses; teoría ésta que reflejaba los nuevos hallazgos y las técnicas derivadas de la concepción tripartita freudiana de la mente (1923) y de su segunda teoría de la angustia (1926).