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Puisque c'est l'enfant qui fait —et défait— l'adulte, il ne peut ětre que notre capital le plus précieux. Pas question de le laisser «dormir».
El analista de niños, por encontrarse en su trabajo ante los inicios de la constitución del aparato psíquico, se sitúa en un campo privilegiado y al mismo tiempo muy complejo debido a las dificultades de definir sus planteamientos teóricos sobre la constitución del psiquismo, planteamientos que a finales del siglo XX los psicoanalistas seguimos debatiendo y sobre los que continuamos interrogándonos. El pluralismo teórico que existe en el psicoanálisis contemporáneo, surgido de las distintas líneas teóricas en la obra de S. Freud, por una parte nos enriquece, pero por otra nos sitúa ante la continua duda e interrogación, lo que implica un constante trabajo (individual y grupal) de reflexión para articular la teoría y la clínica, de manera que la teoría nos permita encontrar sentido al entramado psíquico del sujeto-niño.
En un trabajo de A. Green (1979) (muy citado por los psicoanalistas franceses de niños) que aborda «el modelo del niño en el psicoanálisis», es decir, cómo conciben al niño distintos psicoanalistas, el autor considera que la teoría psicoanalítica que Freud nos transmitió (yo diría que genialmente), ha estado teñida de una ambigüedad considerable, fecunda y oscura al mismo tiempo, abierta a una polisemia que sus sucesores no han podido soportar, de manera que todas las fracciones del movimiento psicoanalítico, inspiradas por los líderes teóricos que han sucedido a Freud, han sido portadoras de implicaciones epistemológicas que constituyen el núcleo de muchos debates (p. 27). Creo que este autor hace una reflexión crítica e interesante de