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Crimen y castigo puede leerse como la historia de una tentación: la tentación de estar más allá de la Ley. La tentación de un sujeto que al quedar expuesto a la insuficiencia del no de la interdicción paterna produce un acto asesino, recorriendo luego un camino temático de castigo y redención.
Crimen y castigo puede leerse también como la puesta en literatura de un fantasma masculino universal a través del lugar que ocupan las mujeres de la novela.
Es el Antiguo Testamento un texto privilegiado en dar cuenta del pasaje de un lugar mítico donde no se sufriría la interdicción —el Paraíso Perdido— a la legislación paterna que culmina con la entrega de los Diez Mandamientos.
Por el monoteísmo riguroso que implanta la primera religión monoteísta, se habla en el Nombre del Padre. Moisés no es la Ley, la representa, un padre no es la Ley, la representa, poniendo asi la función simbólica paterna definitivamente en juego, dejando fuera del juego de lo específicamente humano asemejarse a un Dios innombrable e irrepresentable.
El Deuteronomio —quinto libro de Moisés— retomará las prohibiciones del Levítico insistiendo en una lógica de la separación de la madre como fundamento: no al incesto, metaforizada en el tabú alimenticio: «no cocerás al cabrito en la leche de su madre».
La especificidad de la ley mosaica consiste en instaurar la subordinación