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Lo natural es el juego, y el fenómeno altamente refinado del siglo XX es el psicoanálisis.
Hace ya más de veinte años, en el Congreso de Londres de 1975, Green planteó la crisis del psicoanálisis. Analizando los cambios introducidos en la práctica por la experiencia psicoanalítica, afirma que la cuestión es el «cambio en el analista».
Green se pregunta si permanece intacto el núcleo del análisis clásico, las neurosis, y propone el concepto de «estados fronterizos de analizabilidad»: el análisis contemporáneo oscila entre la «normalidad» social que Mc Dougall llamó «antianalizando» y los estados que tienden a la regresión fusional y la dependencia del objeto.
La experiencia clínica se ha enriquecido con el análisis de pacientes que no pueden utilizar el encuadre como ambiente facilitador. No sólo fracasan en valerse de él, lo dejan intacto en el no uso. Por esta razón se debió pasar del análisis del contenido al análisis del continente. Los procesos internos del analista tienen por objetivo la construcción de la simbolización. Si el trabajo analítico impone al analista un gran esfuerzo que lo conduce a formarse una imagen del funcionamiento mental del paciente, lo que hace es completar lo que al paciente le falta. «Si me siento de acuerdo con la técnica de un Winnicott —escribe Green—, es porque me parece la única que hace justicia a la noción de ausencia.»