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Comienzo este trabajo tratando de precisar el concepto de Identidad al que me referiré cada vez que la mencione. Porque con la palabra «identidad» se designan cuestiones diferentes según el autor o grupo de autores que la utilicen. Precisando el concepto al que aludo, trato de evitar equívocos.
Utilizo el término «identidad» para referirme a todo aquello que una persona es. Es decir, a la respuesta que recibiría un sujeto si preguntara «¿quién soy yo?» y, teóricamente, se le pudiera responder fehacientemente.
Entiendo por identidad de un sujeto la relación intrapsíquica que ha de darse entre todos los contenidos de su mundo interno. Estos contenidos del mundo interno coinciden con el concepto de Self tal y como nos lo describen León y Rebeca Grinberg (6), porque incluye las representaciones que el Yo tiene del Self y del cuerpo biológico. Lo que permitirá la relación yoica con el Self dentro del espacio intersubjetivo (2). El Self incluye todo el sistema del Yo (Yo, Ideal del Yo, Yo ideal, Super-Yo) y el No-Yo, en el cual está incluido el Ello (como estructura) y la carga pulsional del sujeto.
Históricamente aquél es el punto de vista de los racionalistas (y de Heidegger en este siglo) que defienden que el sujeto tiene un Self que es sustancial e idéntico a sí mismo. Es el principio Ontológico de la Identidad (A = A), que psicológicamente podemos describir por un sentimiento de mismidad, la sensación de unicidad (ser uno y único, «una unidad de ser»,