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Cuando hablo del uso de un objeto, doy por sentada la relación de objeto, y agrego nuevos rasgos que abarcan la naturaleza y conducta del objeto. Por ejemplo si se lo desea usar, es forzoso que el objeto sea real, en el sentido de formar parte de la realidad compartida […] el analista debe tener en cuenta la naturaleza del objeto, no como proyección, sino como una cosa en sí misma.
El analista como objeto real para el paciente tiene una función específica en todo tratamiento tanto de niños como de adultos. Es el objeto «creado» y «encontrado» a la vez (Winnicott). Objeto subjetivo en la relación transferencial y así mismo percibido de forma objetiva. De ahí que su identidad va a influir en todo análisis. Pienso que esta influencia puede ser mayor en la clínica infantil.
Dentro de la identidad psicoanalítica hay dos puntos que son básicos: nuestra personalidad y convicción analítica (Juan Francisco Rodríguez), las dos son fundamentales en nuestro trabajo y me parece que aún se hacen más evidentes en la clínica infantil. Cuando se nos tambalea un concepto teórico, la sesión analítica nos devuelve la convicción; con un niño esta convicción se ve reforzada.
Sobre el tema de nuestra identidad podemos preguntarnos: ¿por qué elegimos ser psicoanalistas de niños? Es posible que las motivaciones personales las sepamos cada uno de nosotros y a ello nos haya ayudado nuestro análisis personal, aunque quizás nuestro interés por el niño sea anterior. El descubrimiento de los porqués junto con la veracidad del deseo, ayudan al