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El análisis con adolescentes perturba con frecuencia la identidad psicoanalítica.
Las actuaciones del adolescente y su dificultad para verbalizar cuestionan el encuadre y la regla fundamental de la libre asociación, y cuando se logra establecer el vínculo analítico, el carácter masivo y casi corporal de sus proyecciones puede provocar movimientos contratransferenciales intensos y, a veces, actuadores en el analista.
La violenta irrupción de lo pulsional, de origen corporal, derrumba las precarias construcciones simbólicas del latente, y la ausencia de representaciones para la nueva energía genital no permite otra descarga que la motilidad corporal y la acción compulsiva.
La palabra cede transitoriamente su rol al cuerpo para la descarga de este exceso pulsional, no comprendido y no simbolizado. Momento privilegiado, pues, para la función del analista como suministrador de palabras.
Esta expresión mediante la acción difícilmente se va a dejar enmarcar en el setting analítico; su dimensión temporal será uno de los elementos más atacados porque la invasión pulsional no admite límites y exige una disponibilidad permanente para la actividad. El adolescente llega tarde a la sesión, pregunta si se puede marchar antes de la hora, falta, comete abundantes lapsus respecto a los días y horas de sus sesiones e intenta permanentemente el cambio de las horas asignadas.
La caída de los esquemas estructurantes de la latencia no sólo provoca la regresión a fantasías preedípicas, sino también al deseo de reinmersión en el tiempo sin límites, sin medida, de la primera infancia. El adolescente va a