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(Introducción al trabajo por Janine Chasseguet-Smirgel y Pierre Dessuant)
Bela Grunberger es el primer psicoanalista que centra su pensamiento en el narcisismo tras la Segunda Guerra Mundial, exactamente en 1956, escribe un trabajo sobre este tema titulado «La situación analítica y el proceso de curación». Para él, el narcisismo absoluto toma como modelo el estado fetal; el sentimiento de eternidad, de infinito, de ser todopoderoso, de elación, el «sentimiento oceánico» arraiga en el período intra-uterino, período en el que las necesidades se ven automáticamente satisfechas por el anfitrión del feto, la madre, que de cierta forma se ve parasitada y, tanto es así, que dichas necesidades ni tan siquiera llegan a constituirse como tales. El hecho de que este período, estado ideal, «paraíso perdido», esta «edad de oro» haya sido perturbada, no impide que de forma «asintótica», por así decirlo, este período haya existido y haya dejado en el hombre una huella indeleble de la que partirán la sed de lo absoluto, la necesidad de una creencia religiosa, de que el hombre cree dioses y obras de arte, cree todas las formas de ser todopoderoso, las ideologías, etc. y, sin ir más lejos, de que aparezca en él la necesidad de ser amado.
La situación analítica, por la forma en que está estructurada, permite al analizado revivir dicho estado primitivo. El analista no debe impedir que el analizado reviva dicho período, al contrario, debe proteger esto, como veremos más adelante.
Una de las ideas fundamentales del autor es que el narcisismo no es un mal en sí, sino que es algo necesario para vivir y para poder realizar las