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El término narcisismo es un concepto límite, ambiguo, bordeando lo filosófico que permite interpretaciones y desarrollos muy diversos. En la misma obra de Freud dicha ambigüedad es presente y, a mi entender, enriquecedora; W. Baranger describe en dicha obra hasta 9 concepciones distintas del narcisismo, que agrega en tres grandes grupos según se refiera a la forma y vicisitudes de la libido, a la consideración de la forma de relación con el objeto, o a actitudes, sentimientos y rasgos caracterológicos derivados de otras conceptualizaciones de mayor rango teórico.
Soy absolutamente partidario y estoy convencido de la inevitabilidad de una concepción genética del psiquismo. Toda la realidad está transida por la temporalidad y sin ella no podemos entender cómo dicha realidad está estructurada. La explicación genética y la concepción de la temporalidad estan continuamente presentes a lo largo de la obra freudiana. Ocurre, sin embargo, que con frecuencia se ha comprendido la temporalidad, y con ella el modelo genético, de una forma lineal y mecanicista, al modo de la mecánica newtoniana, con el ingenuo planteamiento de la posibilidad de inversión radical de la flecha del desarrollo temporal. Se olvida, en este modo de entender las cosas, la retroactividad (nachträglichkeit) ubicua en el psiquismo, tan importante en la teorización freudiana. No hay regresión que no conserve algo de lo ya adquirido, ni progresión en la que no se modifique, incluso estructuralmente lo anterior. La metáfora arqueológica se nos presenta como sumamente simplista y desafortunada. La hetereogeneidad del psiquismo se muestra especialmente intensa en cuanto se ve afectada por una temporalidad que lo organiza y reorganiza continuamente en unos movimientos en zig-zag, o mejor expresado, mediante bucles complejizadores. En definitiva, la comprensión genética se refiere en ocasiones a