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[…] recordemos simplemente en esta ocasión que hasta ahora el psicoanálisis nunca ha dado un paso que haya que borrar por inútil, y que es preciso esperar a hallar nuevos filones de oro en las galerías provisionalmente abandonadas.
Durante los últimos años hay entre nosotros quienes tienden a «reconciliar» a Freud y Ferenczi minimizando sus diferencias, así como en años anteriores ocurrió principalmente lo contrario. Creo que la obra de Ferenczi —y sobre todo la del último período—, más que coincidir o discrepar con la de Freud, «restituye» al cuerpo doctrinal del psicoanálisis lo reprimido/escindido en su origen. Esto ocurre con la reapertura de la discusión sobre el origen exógeno o endógeno de la pulsión sexual —promovida por Ferenczi al final de su vida—, que había sido en mi opinión cerrada en falso con el abandono de la teoría de la seducción sexual traumática. Se ha señalado en ocasiones que aquel abandono nunca fue completo por parte de Freud. Sin embargo, tampoco fue nunca examinado en profundidad por él. Vistas en perspectiva, puede pensarse que incluso las polémicas novedades técnicas propiciadas por Ferenczi, obedecían a su necesidad de respuestas clínicas y técnicas para las patologías traumáticas, en ausencia de una concepción etiopatogénica pertinente.
En Sobre la psicología de la conmoción psíquica (1932a), primera de cinco notas póstumas sobre el traumatismo, dice Ferenczi que el carácter