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Señoras, Señores:
Querida Judith:
Lo primero de todo deseo agradecer a los organizadores de este Congreso el haberme propuesto estar junto a Usted en esta mañana inaugural ya que para mí supone un placer y un honor poder debatir sobre este tema y, en cierta manera, prolongar así propósitos tan estimulantes como los que acaba de pronunciar.
Tan sólo podemos agradecer el trabajo que acaba de leer y que tan claramente ha sabido situar lo esencial del aporte de la obra ferencziana en lo que respecta al traumatismo, a lo traumático y al trauma.
Voy a hacer un paréntesis para sugerir que estas tres formas de nombrar lo que no es sino una fractura psíquica y las consecuencias que conlleva, podrían explicar, cada una, las tres modalidades diferenciadas de una misma cuestión de conjunto, aunque esto sería tema suficiente para un debate metapsicológico de fondo que podría conducirnos por otros derroteros y alejarnos del propósito que hoy nos une.
Siguiendo la visión panorámica, tan real, que acaba de proponernos sobre las aportaciones esenciales de Ferenczi (aunque ya sabíamos que es Usted maestra en la materia) y con el objeto de comenzar el debate, me parece interesante recordar las relaciones existentes entre la concepción freudiana y la de Ferenczi en lo que respecta al traumatismo. Así, voy a diferenciar tres momentos: