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En las observaciones de Freud sobre las relaciones terapeúticas, no faltaba la dimensión contra-transferencial, que se observa ya en una de sus primeras publicaciones, Anna O, que se basa en la historia de Breuer, incluida la historia de su contra-transferencia; su pánico, por ejemplo. Es difícil no hacer una caricatura de las contra-transferencias que aparecen en los primeros casos psicoanalíticos, tales como la contra-transferencia erótica de los terapeutas masculinos con las jóvenes, como en las situaciones prototipos del comienzo de la historia del psicoanálisis: Anna O y Josef Breuer, Sabina Spielrein y Carl Gustav Jung, y Elma Pálos y Sándor Ferenczi. Todos con Freud al fondo, supervisando…
La palabra «contra-transferencia» aparece por primera vez en unas cartas entre Freud y Jung, y trata los sentimientos e ideas de Jung hacia Spielrein. Un año más tarde este término se incorpora en la nomenclatura psicoanalítica. Después Freud utiliza raramente de forma explícita esta palabra; implícitamente, discute de nuevo la sensibilidad del analista como instrumento preciado en la percepción del inconsciente del analizado, en su metáfora del teléfono . Pero sigue fiel a su ideal de observador científico sin prejuicios —dentro de lo que cabe—; un ideal que sigue siendo el ideal de muchos de sus sucesores reconocidos, entre ellos Melanie Klein, que temía que una mayor atención a la dimensión de la contra-transferencia podría dar lugar a un cambio de énfasis desde el analizado al analista (Grosskurth, 1987).
La conferencia de Freud en el Congreso de Budapest en 1918 (publicada en bajo el título de Les voies nouvelles de la thérapeutique psychanalytique), es una declaración importante sobre la práctica analítica, y se tiene por su canto de cisne sobre este tema; confía en Ferenczi y luego en Rank para desarrollar este tema, y varias veces invita explícitamente