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Al igual que Freud, Ferenczi y Balint tenían mucho interés en el tratamiento de pacientes muy enfermos. Así, la regresión era un concepto esencial para poder explicar la vivencia de situaciones pasadas. El paciente, en un estado de regresión, vivía una experiencia que, de una manera significativa, era una «re-vivencia» de los entornos y afectos de relaciones anteriores. La regresión patológica se convirtió en algo que permitía conceptualizar la comprensión de una agresión psíquica anterior, y que llevaba, según Ferenczi, a la «atomización» de las estructuras psíquicas. Junto a ello existía la necesidad de encontrar técnicas para poder comprender —principalmente en la clínica— y relacionarse con pacientes que habían pasado sus vidas protegiéndose y existiendo sin el otro.
En el campo de la regresión, las opiniones de Ferenczi y Freud diferían. Para Freud, era necesario comprender e interpretar la regresión, pero para Ferenczi, el idioma de la vivencia también tenía importancia. Escribió Ferenczi en 1912: «Según parece, nunca se podrá llegar a unas verdaderas convicciones sólo a traves de un insight lógico; es necesario haber vivido una experiencia afectiva, es decir, haberla sentido en el propio cuerpo, para poder convencerse» (Síntomas transitorios construidos durante el análisis, 1912). Creía que la acción y el acting no eran necesariamente defensivos ni tenían que ver con la resistencia, sino que al revivir una experiencia, la repetición se transformaba en recuerdo, y esto conducía al conocimiento.
Ferenczi también se dio cuenta de que la transferencia no sólo existe, no sólo está ahí, sino que también es resultado de la inter-subjetividad inconsciente del paciente y la del analista. Con su interés por el trabajo clínico, trató un grupo de pacientes muy graves. Sobre aquellos pacientes que tenían una fractura psíquica precoz profunda, escribe: «He llegado a darme cuenta de que es una tarea vital para el analista: haga lo que haga, que lleve al extremo la simpatía y