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Las dificultades, los encuentros y desencuentros en la comunicación son puntos de reflexión propios de nuestro trabajo como analistas. El establecimiento y conservación del vínculo analítico en el trabajo con niños plantea problemas específicos que se suman a los ya conocidos en el análisis de adultos. Liberarían ha estudiado el tema de la comunicación y el estilo interpretativo que el analista debe emplear frente, por ejemplo, al paciente histérico, obsesivo o paranoico. Todos estos aspectos marcan un punto central y difícil de nuestra práctica clínica. Cuando abordamos la tarea del análisis de niños se dificulta y enriquece más la relación entre analista y paciente en una serie de aspectos.
Las dos facetas que integran la comunicación entre analista y paciente son, en primer lugar, la comprensión por parte del analista de lo que piensa y siente el paciente, y en segundo lugar la transmisión al paciente de lo que el analista ha comprendido.
En el trabajo con niños el mayor obstáculo estriba en la profusión de lenguajes que suelen emplear los niños y su desorganización aparente. Tendemos a jerarquizar el lenguaje verbal, ya que nos es más difícil identificarnos con lo que el niño hace para expresar lo que siente. Esto guarda relación con la capacidad para la comprensión de lo regresivo.
Como analistas de niños tendremos acceso más fácilmente a la realidad psíquica de nuestros pacientes, pero también la dependencia tanto psíquica como física de un niño condiciona la relación analítica y produce un movimiento emocional con contenidos regresivos que da una calidad de contratransferencia diferente a nuestro trabajo con pacientes adultos.
Un analista de niños debe ser capaz de sintonizar con los aspectos más