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Pretendo reflexionar sobre un aspecto particular del desarrollo de la Identidad adolescente, así como sobre sus implicaciones para el proceso psicoanalítico. Me refiero a la regresión narcisista, que surge, según creo, ante el fracaso en la elaboración de los duelos adolescentes y la reactivación pulsional y edípica. Opino que esta vicisitud de la identidad adolescente determina, en algún momento del proceso analítico de los adolescentes, el establecimiento de una relación de objeto narcisista con el analista, cuyo análisis en la transferencia es relevante para que el proceso analítico pueda instalarse adecuadamente y progresar, como trataré de mostrar con un fragmento de material clínico de un adolescente.
Desde que Freud realizara los descubrimientos teóricos sobre la sexualidad infantil, plasmados en Tres ensayos sobre teoría sexual (1905), donde la teoría de la evolución de la libido ocupaba el papel central, quedaron perdurablemente establecidos por él mismo los objetivos de la pubertad: subordinación de las zonas erógenas de la pregenitalidad al nivel genital, establecimiento de nuevos objetos sexuales, diferenciados para el varón y la hembra, y consolidación de la exogamia.
Con posterioridad, Anna Freud proponía en su artículo «Adolescencia» (1958) la ampliación del punto de vista del modelo libidinal de 1905, incorporándole la dinámica entre instancias psíquicas, que la adopción del modelo estructural de la segunda tópica freudiana permitía. En ese mismo trabajo planteaba la dificultad del manejo técnico de los adolescentes: «[…] en la mayoría de los casos no es posible recurrir a la asociación libre…,