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El tratamiento psicoanalítico de las consecuencias psíquicas del terror nazi, todavía hoy, más de cincuenta años después del final de la locura colectiva que significó el nacionalsocialismo, no ha sido posible eludirlo en la praxis de los analistas alemanes, tanto judíos como de los que no lo son. Los psicoanalistas han tratado sobre todo a la segunda generación de las víctimas (cfr. Grubrich-Simitis, 1979, 1984). En los años ochenta —tras una dubitativa confrontación con el propio pasado— podía observarse una importante actividad en el campo de las publicaciones que tenían como objeto el tratamiento psicoanalítico de los hijos de los criminales nazis (cfr. una referencia de las múltiples publicaciones en Bohleber, 1997). Los análisis y psicoterapias de los hijos de los criminales, que referimos aquí, plantean una serie de cuestiones técnicas en el tratamiento, sobre todo en lo que concierne a la etiología traumática de sus enfermedades psíquicas, que están marcadas frecuentemente por lo que se sabe y no se sabe —o se sabe a medias— del pasado nacionalsocialista de los progenitores —sobre todo de los padres. En relación sobre todo con el problema del trauma al que se vio sometida, sin quererlo, la segunda generación, que se convirtió en la víctima de los hechos de sus padres, en la bibliografía domina una gran confusión, pues bajo el título del trauma figuran genéricamente el efecto de la guerra, del terror, de la persecución, «el impacto de las figuras del miedo, del poder, de la ideología, del contagio, de la proximidad de la muerte y de la destructividad que anegan y trascienden la familia» (Moser, 1996, 27). En muchas de las descripciones publicadas de casos clínicos y sus fragmentos se insiste en la transferencia inconsciente de las ideas nacionalsocialistas de los padres en