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¿Crees verdaderamente que un día habrá en la casa una placa de mármol en la que pueda leerse: «Aquí, el 24 de julio de 1895 se reveló al Dr. Sigmund Freud el misterio del sueño»?
Los ojos y oídos son malos testigos para los hombres cuando no tienen almas para entender su lenguaje.
Cuando propuse el tema, sabía que había leído la pregunta en más de un sitio, aunque desconocía quién la habría formulado por primera vez. Me enteré, por fuentes bien informadas, de que fue Wallerstein. Es evidente que ha sido retomada por otros desde posicionamientos diversos: se trata para mí de una afortunada pregunta provocadora y/o catalizadora de una inquietud generalizada. Para empezar, se trata de una pregunta. Además, este proceso se ha dado desde la noche de los tiempos con todas y cada una de las palabras que usamos y con tantas y tantas expresiones que se independizan de su creador, cobrando vida propia en otros, convertidos en continentes deseantes. Pensamientos nodulares de las ciencias, vivos en las palabras corrientes y pasibles de colear pueden eludir un destino letal, si alguien los VE y los libera del posible estatus de letra muerta y de quedar sujetos a la compulsión a la repetición del propio autor y no digamos de la de un tipo de seguidores, dobles especulares, muñecos de