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De entre todos los elementos de la teoría psicoanalítica, el objeto es el único que ha sobrevivido a todos los cambios, aunque sea a costa de cambiar de sentido y de función en cada gran movimiento que dio lugar a la creación de corpúsculos teóricos derivados del núcleo inicial freudiano. Por esto, no es extraño que nos preguntemos: «¿Qué es un objeto?», pregunta que supone dos aspectos, uno: ¿qué tienen en común las concepciones que se refieren al objeto en diversos contextos? y otro: dicha dispersión conceptual, ¿no podría ser el indicio de que el objeto es un concepto que escapa aún al entendimiento de los psicoanalistas? A partir del momento en que la conceptualización denominada «relación de objeto» adquiere tal importancia que llega a imponerse como una mutación teórica, aunque no exento de ambigüedades (Brusset, ; ), y pasado cierto tiempo, puede juzgarse tanto su interés como sus limitaciones, por lo que se hace necesario volver a reflexionar sobre ello.
El itinerario que permite comparar las ideas subyacentes de las diversas acepciones del objeto nos obliga a detenernos en las obras de Freud, Abraham, Melanie Klein, Fairbairn, Winnicott, Lacan, etc.1 El estudio de éstas