You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Los cuentos fantásticos de E.T.A. Hoffmann, en particular «Der Sandmann» («El arenero»), sirven de punto de partida al estudio de Freud sobre lo siniestro.
En el artículo de 1919 que lleva ese nombre,1 presenta al personaje del «hombre de la arena» que arranca los ojos a los niños, y lo interpreta como un representante paterno de la castración, siendo el temor a perder los ojos o a quedar ciego un sustituto de la angustia de castración. La ansiedad de pérdida recae sobre el ojo, órgano muy preciado que sustituye al órgano viril, desplazamiento que puede observarse en sueños, fantasías y mitos.
El niño vive con dramatismo el complejo de castración, la amenaza de la pérdida del pene «despierta un sentimiento particularmente intenso y enigmático».
La angustia de castración en Freud se refiere a la pérdida del órgano sexual,2 angustia que resignificará (Nachträglich) todas las representaciones anteriores de pérdida: nacimiento, destete, pérdida de las heces, etc., poniendo en evidencia el valor estructurante que otorga su teoría al complejo de castración en su articulación con el complejo de Edipo.
El carácter siniestro del arenero queda entonces definido por su referencia al complejo de castración infantil: lo siniestro como manifestación de lo angustioso, representado por la idea de ser privado de los ojos.
Entre los temas que evocan un efecto siniestro, Freud selecciona el tema del doble o «del otro yo», cuyo surgimiento se remonta «a las épocas