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Cien años han pasado desde que se publicó la Historia de Ana O. y ésta no ha dejado de suscitar debates, condescendientes o no, sobre el psicoanálisis, debates que siguen tratando de evaluar el cambio que produjo en Ana O. la talking cure con Joseph Breuer. Considerada como una mistificación1 para unos, como la primera experiencia que anuncia el éxito terapéutico del psicoanálisis para otros, estos debates repiten de forma caricatural los que suscitaban los casos publicados por Freud. El problema del cambio en psicoanálisis, y el de su evaluación, sigue siendo un interrogante permanente para nosotros; podríamos decir que actualmente el futuro del psicoanálisis en su calidad de práctica terapéutica, depende en gran medida de cómo respondamos a esta cuestión, de cara a nosotros mismos en primer lugar y a otros más tarde.
La forma en la que abordamos la organización del psiquismo ha cambiado. Las modalidades nosográficas de evaluación de la situación psíquica de nuestros pacientes han perdido importancia y paralelamente las modalidades que apuntaban a apreciar el cambio en términos de curación han dejado de estar en primer plano. El punto de vista estructural, a menudo utilizado como un apoyo para la visión nosográfica que ya no osaba afirmarse por sí misma, conducía a describir el cambio en términos de modificación estructural. Esto tenía un inconveniente: la idea de invariabilidad, aún relativa, que transmite la palabra estructura y que difícilmente permite dar cuenta de los cambios a menudo más inestables y más limitados que lo que aboga el sistema de descripción utilizado. Los «nuevos modelos» propuestos por Sylvie y Georges Pragier, han ido abriéndose camino (S. y G. Pragier, ), pasamos poco a poco «del cristal al humo»2 partiendo del cristal