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Es una tarea difícil ser el discutidor de dos ponencias tan interesantes como son las de Carlos Sopena y Patricia Grieve, que nos muestran la complejidad del tema tratado. Ambos autores han hecho un gran esfuerzo en describir el objeto interno, y podemos concluir que la heterogeneidad y polimorfismo del objeto interno es una constante. Sin embargo, nos resulta imposible aceptar al objeto interno como formando parte del psiquismo desde el comienzo de la vida, es decir como constituyente del mismo.
Es en la relación con el Otro que el objeto va a constituirse; de ahí que tratar la génesis del Yo y del objeto a partir del trabajo sobre el espejo y la reflexión que el objeto envía al sujeto, tal y como fueron abordados por Lacan y posteriormente Winnicott, resulta enriquecedora aunque incompleto. Freud en La negación nos señala la importancia de la pérdida como factor fundamental. Los trabajos de Winnicott sobre el objeto intransicional nos parecen también una aportación importante.
Es en la medida que el niño pueda asumir la ausencia de la madre, y mediante un trabajo psíquico fundamental a través de las representaciones de las huellas mnémicas constituidas por sus propias necesidades, y la respuesta del objeto externo, que el objeto interno va a constituirse. De este modo, podemos comprender el objeto interno en primer lugar como una construcción-creación por parte del sujeto. Sus diversas formas confirman su heterogeneidad y polimorfismo. Estas creaciones tienen la particularidad de dar una gran plasticidad, o bien por el contrario, persistir como construcciones fijadas en la psique.
La descripción de un objeto bueno o malo, es simplemente la referencia