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1. Una de las cuestiones que se plantean como dando cuenta de la discriminación entre el principio de placer y el más allá del principio de placer es la de sus relaciones con la condición de ligada o no ligada de la pulsión. Creo que sin embargo esto merece un esclarecimiento más pertinente.
Comenzando por las referencias de Freud (1920) podemos mencionar las siguientes. En el capítulo I nos dice que está resuelto a referir placer y displacer a la cantidad de excitación presente en la vida anímica y no ligada de ningún modo. Mientras el displacer corresponde al incremento de la cantidad, el placer corresponde a su disminución. En relación con esto continúa afirmando que el principio de placer es propio del modo de trabajo primario del aparato anímico, desde el comienzo mismo inutilizable y peligroso para la preservación del organismo. Es cuando bajo el influjo de las pulsiones de conservación del yo que el principio de placer queda relevado por el de realidad, que sin resignar el fin de la ganancia de placer, la pospone, renuncia a distintas posibilidades para su logro y tolera provisionalmente el displacer mismo. Aquí podemos entonces equiparar lo no ligado al proceso primario en relación con un funcionamiento del principio de placer desarticulado de su conjunción con el principio de realidad, y la ligadura surgiría en función de las pulsiones de conservación del yo en su afán de asegurarse vía realidad la supervivencia biológica del sujeto. Y no debemos olvidar que Freud explícitamente comenta que el principio de placer —desarticulado del de realidad— sigue siendo durante mucho tiempo el modo de trabajo de las pulsiones sexuales, difíciles de «educar» (el entrecomillado es de Freud mismo),