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En este trabajo querría reflexionar sobre algunos interrogantes técnicos que, en los últimos tiempos, me planteo cuando me enfrento a un paciente adolescente. Mi preocupación está centrada en la manera de formular las interpretaciones de modo que puedan ser aceptadas por el adolescente y funcionen como un catalizador de su crecimiento mental.
Creo que toda interpretación surge en el analista como una imagen fantasmática, un estado afectivo o un pensamiento que son, a su vez, transformaciones (Bion, 1965) de lo que su mente intuyó del funcionamiento mental de su paciente. Pero dicho conocimiento, lo que se ha denominado el contenido de una interpretación, tendrá que ser verbalizado de tal manera que pueda ser recibido por el analizando. Me refiero a lo que en la teoría de la técnica psicoanalítica se ha definido como formulación de la interpretación; es decir en qué forma comunicar dicho conocimiento —los diferentes contenidos de una interpretación— para que pueda favorecer la elaboración psíquica del analizando, en nuestro caso del analizando adolescente. De modo que dedicaré mi trabajo a describir una técnica interpretativa, basada en un tipo de formulación que favorezca el diálogo psicoanalítico con el paciente adolescente, al estar diseñada de acuerdo al funcionamiento mental prototípico de ese momento evolutivo. Así, pues, dejaré de lado todo lo referente a los diferentes contenidos posibles de la interpretación.
El trabajo está dividido en dos partes. En la primera haré una caracterización de cómo concibo al paciente adolescente y en la segunda intentaré reflexionar sobre la función del otro en el abordaje interpretativo.