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El psicoanálisis en sus orígenes tenía una orientación determinista y reduccionista. Lo importante era el «análisis». Sin embargo, en el curso de su evolución, el pensamiento psicoanalítico ha ido dando cada vez más importancia a las complejidades de los procesos de significación y de integración —tanto en la clínica como en el campo más amplio de la teoría. No solamente analizamos, reducimos, deshacemos y morimos. También integramos, incorporamos, construimos y vivimos. Integrar, vincular y unir tienen tanta importancia para nosotros como analizar. Sin embargo, y paradójicamente, pocas veces se ha dado importancia a las influencias integradoras.
Podemos también señalar algo sobre los procesos afectivos. Los procesos afectivos tienen que ver con todo lo que para el individuo tiene importancia en su vida. Participan en el funcionamiento psíquico, y están enraizados en la biología y en la cultura, y, tanto a corto como a largo plazo, dan un sentido y un valor a vivencias ya pasadas. Puesto que tienen que ver con lo que es importante para cada uno, se esperaría que los procesos afectivos y las emociones tuvieran un papel de conexión y unión —es decir que tendrían un papel en la integración durante el curso del desarrollo. Pero rara vez pensamos de esta manera respecto a los procesos afectivos.
En este trabajo examinaré algunas ideas sobre las influencias integradoras de los procesos afectivos. El objetivo del trabajo es modesto: ayudarnos a «progresar» por medio de una discusión estimulante, preguntas, investigación