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Abre el contenido de este número, cuyo tema monográfico es el encuadre, un artículo de J. Bleger que ha alcanzado la condición de clásico. El autor, apoyándose en nociones de otras disciplinas, nos interna en el significado psicoanalítico del encuadre cuando éste no es problema, en aquellos análisis en que se mantiene mudo, como ideal. Afirma que el paciente deposita en el encuadre su organización más primitiva e indiferenciada, lo más fijo y estable de su personalidad, su mundo fantasma. Pero curiosamente lo proyectado sólo se alcanza a ver cuando el encuadre cambia o se rompe. Desde su experiencia con varios casos clínicos, J. Bleger va a desarrollar ciertas consecuencias teóricas y técnicas; las primeras se refieren a la naturaleza de ese mundo fantasma y las segundas a la posición del analista, tanto cuando el encuadre permanece como una adicción, como al producirse una grieta por la que se cuela esa otra realidad psíquica.
J.L. Donnet en un trabajo rico, complejo, y lleno de matices, pretende aportar una respuesta teórica al lazo existente entre el encuadre y el proceso. La exposición del texto sigue el recorrido de una elaboración animada por un diálogo fecundo con diferentes autores (Winnicott, Freud, Bleger…). Al comienzo el autor expresa su manera singular de proponer e imponer el encuadre al paciente, no sin sentir un ligero vértigo; categoriza dos posiciones de los analistas ante el encuadre y esboza la suya propia afirmando que el encuadre es un elemento transicional (J.L. Donnet reconoce su deuda con el pensamiento de Winnicott). Siguiendo el texto nos encontramos con un fino análisis de los tiempos lógicos de la interpretación en la obra freudiana, que conduce al autor a poner el acento en el dominio del espacio requerido para que se produzca el efecto de verdad de la interpretación; ese espacio, que no es otro que el encuadre, intenta paliar la debilidad del sentido, inherente a la interpretación. Llegado a este punto J.L. Donnet se muestra sensible a